
Si aprendí algo muy bien en estos 28 años de “vida útil” es que cada persona es un mundo y que cada uno tiene sus propios mambos. No es ninguna novedad, claramente. Sin embargo, es algo que me viene dando vueltas en mi cabeza a modo de maquinita incesante. Y como ya he dejado plasmado en más de una oportunidad, no paro hasta que no escribo aquello que gira cual carrusel entre mis neuronas. Así que hoy tengo ganas de hablar de algunos de estos desquicies mentales que tenemos los seres humanos.
1. El espejo femenino. La distorsión más grande de todos los tiempos. Hace unos días hablaba con una amiga sobre este tema. Resulta que, como muchas mujeres, al pararse frente al espejo, en lugar de ver lo que el mismo refleja ve una imagen que sólo está en su mente, algo cuasi imposible de entender para los que miramos desde afuera. Tras una larga charla, ella entendió que ese pensamiento forma parte de una obsesión muy arraigada a nivel familiar. En fin, este mambo se vuelve un tema recurrente a la hora de socializar y pone al resto en una situación de confusión constante. No se sabe si se busca confirmación o si es lo único que interesa a esa persona, por lo que las ganas de profundizar del receptor se desvanecen a medida que el emisor cuenta calorías.

2. Solo a los 30. El afán de agarrar lo primero que se cruza en el camino. Muchas personas confunden no estar en pareja a determinada edad con soledad. Permítanme decirles que si bien es algo muy lindo poder compartir las vivencias con alguien más, el hecho de que no encontremos a ese alguien no supone que estamos solos y desdichados en el mundo. Lamentablemente, no todos lo entienden así, y aquí aparece el mambo de “30 y solter@”. Entonces, ¿qué pasa? LA DESGRACIA! El primer individuo que osa caminar cierto día por nuestra vereda se convierte en “esa persona”. Ahora, ¿por qué la desgracia? Porque si bien muchas veces puede resultar magnífico, otras tantas la desesperación juega una mala pasada y cual manotazo de ahogado agarramos cualquier cosa. Después nos sale más caro el remedio que la enfermedad. Por ende, creyendo solventar el mambo de la soledad, nos generamos uno nuevo: “qué hago con esto!!!???”.

3. Mamá FOREVER. La crisis del cordón. Ladies and Gentlemen, acá tengo un máster. Me sobran ejemplos de seres que necesitan a sus progenitores hasta para ir al baño. Quizás esté relacionado con la crisis de los 30 y en lugar de agarrar lo que venga se quedan con mamu para ir a lo seguro: amor por siempre. JA! El problema de los individuos con este tipo de “mambo” es que o suelen buscar personas que cumplan el rol de quien los llevó en su vientre nueve meses (algunos parecen todavía estar allí) o directamente no pueden estar con otra persona que no sea mamá. Ojo, también corre por cuenta de las mujeres que buscan a su padre en las relaciones de pareja, como también existen quienes necesitan de la aprobación de mamá para tomar una decisión. Pasa que, sin ánimos de tornarme feminista, he notado que es un problema mayormente masculino. ¿A qué nos lleva este mambito? A nada!!! O, peor aún, a esa situación de vacío y soledad que sienten muchos del mambo 2. Porque, mis queridos amigos, sepan que esto no seduce PARA NADA!!!

4. No sé qué quiero ni cómo lo quiero. La insoportable levedad del ser. Uuffff…. Si de mambitos se trata, este es un mambón (sí, me gusta inventar palabras). Aquí tenemos a un alto porcentaje de la población mundial. Continuando con la línea de las relaciones humanas, es muy cotidiano que las personas no sepan a dónde ir ni qué elegir en la vida. Relaciones de años de convivencia se convierten en un camino ambiguo. Nadie sabe lo que quiere y eso trastorna más al otro. Entonces… ¿Qué pasa? Todos los mambos anteriores se mezclan. Quien recibe los comentarios de su pareja perdida que no sabe lo que quiere se vuelve un ser inseguro, comienza con el espejo, sigue con la soledad y termina en brazos de mamá! Qué problema, no? Y sí, no saber lo que queremos nos puede llevar a muchos lugares diversos, pero incontables son los espacios a los que podemos trasladar a los otros seres con nuestras confusiones y/o delirios místicos sobre la vida y lo que esperamos de ella.

Así estamos, todos locos. Pero bueno, ¿qué sería de la vida si estuviésemos todos cuerdos??? Por mi parte, gritaría cada dos por tres “me aburroooo”. Son justamente los mambos mentales (en su buena medida, ya sabemos lo que pasa con los excesos) los que le otorgan ese condimento especial a nuestros días. Gracias a ellos hacemos el ejercicio de la reflexión, ponemos pausa, revemos nuestro modo de actuar y volvemos a empezar con más pilas, con ganas de mejorar por y para nosotros, pero también por y para los demás. Al menos así justifico mi locura y le encuentro su arista útil, no los convencí? Ja!
Sigamos siendo locos, aprendamos de nuestros errores, pero no nos creamos que alguna vez se termina. Siempre se vuelve a empezar, para bien, para mal. Lo importante es levantarse y lograr que cada cosa que nos pase nos vuelva más fuertes y conscientes de que a pesar de tener nuestros mambos somos capaces de manejarlos y utilizarlos para renovarnos

Feliz Comienzo de Semana a todos los loquitos como yo que tienen uno y mil mambos más!
Silvina Rodríguez Gáspari